Como en el 86, por Edgardo Broner

Fútbol Pensado le da 86 veces la pelota al lector más allá de la mitad de la cancha para que pueda hacer el mejor gol de la historia. seguir leyendo

13.11.11

Gritos diferidos (columna en diario Panorama)


Reflexiones hacia Brasil 2014
Edgardo Broner
Gritos diferidos

Los gritos de gol salían por las ventanas y recorrían los edificios, pese a que ya había jugado la selección argentina. Buenos Aires se ha convertido en un centro creciente de inmigración sudamericana. A la tradicional presencia de paraguayos, bolivianos y uruguayos, se sumó una inmensa colonia peruana. Ahora es común encontrarse con jóvenes colombianos, mientras el acento venezolano resuena en varias casas de estudio.

Mientras los hinchas albicelestes se alejaban a paso apurado de la frustración del estadio Monumental, dos bolivianos disimulaban sus sonrisas. Los extranjeros residentes no dejaron pasar la oportunidad de ver a Messi en vivo, pero corrieron a la salida con la ansiedad de ver por televisión a sus selecciones. Los uruguayos se quedaron en sus casas porque no les daba tiempo, así que la música de goles celestes acompañó el regreso.

Las primeras imágenes del Metropolitano de Barranquilla fueron un alivio. Nunca se sabe si reaparecerán las dificultades tecnológicas del pasado o si se alterará la programación. La emoción de ver a la Vinotinto a la distancia se sacudió con la doble oportunidad de Fedor y se lastimó con el cañonazo de Guarín. Se oyeron gritos desde otro lado y los lamentos recorrieron el camino inverso.

La pizza del entretiempo trajo recuerdos de los tiempos difíciles, cuando perder por un solo gol era una señal optimista. Era la esperanza de empatar en alguna maniobra milagrosa, que no se sabía cómo podría generarse. Pero esta Vinotinto es diferente. Sufrió pero también llegó. Vega sacaba todas y Amorebieta confirmaba su gran clase. La igualdad era una posibilidad latente en cada centro con los defensores cabeceadores, en los tiros libres de Arango, los intentos del Maestrico o las llegadas de Fedor. Y en algún momento iba a entrar Rondón, lejos el mejor de los delanteros.

Cuando salió el pelotazo hacia el campo colombiano se oyó una explosión de júbilo desde otro edificio. Después la peinó Rondón, falló Perea y Fetscher empató. Entonces hubo afonía cercana por la misma razón. La diferencia entre la televisión satelital y la de cable hizo que el delantero del Grasshopper convirtiera el gol en una pantalla al tiempo que se deslizaba para celebrarlo en otra.

El triunfo apareció como una nueva posibilidad en otro ataque anticipado por gritos vecinos. Pero venían de la relojería de la misma cuadra. Había descontado Ecuador.

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