Como en el 86, por Edgardo Broner

Fútbol Pensado le da 86 veces la pelota al lector más allá de la mitad de la cancha para que pueda hacer el mejor gol de la historia. seguir leyendo

7.4.13

Masía vinotinto



Los torneos juveniles siempre encontraban a los venezolanos en desventaja, por su formación tardía. Aunque sigue existiendo una carencia, el talento que siempre surge en el país encuentra escuelas para canalizarlo más temprano y algunos lo desarrollaron en canchas del exterior. Uno de ellos, en el actual mejor equipo del mundo, cuyo éxito está basado en sus menores.

David Zalzman comenzó a los 7 años en el Maristas de Maracay, representó al estado de Juan Arango y jugó en la escuela del capitán, con Norman Castillo como entrenador de ambos. Zurdo, siempre 10, admirador de su coterráneo y de Ronaldinho, tuvo un técnico que en el campo marcaba a los cracks como él: Franco Rizzi. ”Con su academia viajamos a un torneo en Ibiza, donde participó el Barcelona y fue la primera vez que me vieron. Después hubo otro en Barcelona, por suerte me fue bien y decidieron mi fichaje”.

Con la misma claridad con la que maneja el balón, describe lo que fue aprendiendo: “El estilo y la velocidad para mover la pelota, la intensidad. A defender cuando no tenemos la pelota o a buscar los espacios para recibirla sin marca”. Se percibe la asimilación, viéndolo en el terreno, pese a la tarjeta que lo condicionó a los 5’ con Ecuador.

Con Xavi como referente, siempre veía al equipo mayor. “Ellos eran nuestra imagen a seguir, aprendía mucho”. Recuerda con mucho afecto a sus compañeros y al técnico Albert Benayes. En La Masía absorbió los fundamentos del enganche: “Hace falta paciencia, porque muchas veces te cuesta recibir balones. Cuando te llegue la oportunidad, hay que reaccionar bien para elegir una buena jugada y que el equipo marque”. Un ojo apunta al arco, el otro a los delanteros.

Valora la oportunidad en este Anzoátegui ganador y confía en la Sub-17: “Estamos con mucha ilusión, tenemos la capacidad para lograr el objetivo. Hemos luchado muy duro, sabemos que vamos a lograrlo”.

Lo marcó ver a la selección mayor en el Monumental junto a la hinchada vinotinto: “Una sensación indescriptible, con el himno, la gente que nos apoyaba. Siempre lo vamos a tener presente. Vamos a defender los colores de un país y no los vamos a defraudar”.

Una tarde en Barcelona vio a Messi y no alcanzó a saludarlo. Lo hará con la camiseta vinotinto o la de un club europeo. El número, el pie izquierdo, el lugar donde crecieron y el orgullo por sus selecciones harán que se entiendan en un instante.

Columna de Edgardo Broner publicada en el diario Panorama el 7.4.2013

ebroner@gmail.com

Twitter: @ebroner

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