Como en el 86, por Edgardo Broner

Fútbol Pensado le da 86 veces la pelota al lector más allá de la mitad de la cancha para que pueda hacer el mejor gol de la historia. seguir leyendo

19.2.14

El show que continúa



El debate sobre la realización de la jornada del fin de semana ignoró la seguridad de la familia futbolística como tantas veces en las que prevaleció el lema del espectáculo que debía continuar. Sobran antecedentes en situaciones mucho más extremas, como la Masacre de Múnich. que apenas detuvo unas horas los Juegos Olímpicos de 1972. Cuando en 1976 se produjo el golpe militar que instaló la dictadura en Argentina, entre los comunicados con medidas que aterraban surgió uno autorizando la transmisión del partido que su selección iba a jugar en Polonia esa tarde. Los futbolistas estaban afectados por las noticias pero se presentaron, como cuando en Alemania ´74 les había tocado salir al campo el día de la muerte del Presidente Perón.

El campeonato venezolano es el único que se detiene en Carnaval y Semana Santa por las dificultades de los traslados, pero ahora hubo resistencia a las postergaciones pese a que varios equipos las plantearon. En 1989, se habían suspendido las garantías tras el Caracazo y a las 6 de la tarde regía el toque de queda. El calendario de la Libertadores contemplaba la visita de los brasileños Bahía e Internacional al Brígido Iriarte. Se jugó por la mañana y sin público para poder cumplir. Eso mismo se decidió ayer a última hora en San Cristóbal. Antes de la Copa América 2001 en Colombia, el secuestro del directivo Hernán Mejía hizo que la Conmebol decidiera trasladar el evento al sur de Brasil, donde se podía responder al negocio televisivo aun sin hinchas. Tras la liberación, Colombia disfrutó su Copa de la Paz.

El balón es un elemento de confraternidad. La gente encuentra alivio mirando un partido, aunque el espectáculo puede esperar si se pone en riesgo a los planteles y a los hinchas. La televisión gobierna el fútbol, algo que todavía no pasa en el torneo local. El juego en Maracay solo tuvo como testigos a los que estuvieron en el estadio, porque los móviles de transmisión no pudieron trasladarse. La falta de decisión distribuyó tensiones innecesarias en cada escenario. Y a diferencia del dilatado caso del seleccionador nacional, se desatendió la seguridad de miles.

Columna publicada el 17.2.2014 en el diario Últimas Noticias.

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